5 de junio de 1989: Entre el 15 de abril y el 4 de junio de 1989 diversos sectores de la sociedad china se dieron cita en la Plaza de Tiananmén para manifestar su rechazo al gobierno comunista. Las reformas políticas emprendidas por Deng Xiaoping al régimen chino resultaron ser insuficientes para algunos grupos, entre ellos intelectuales y estudiantes. A su vez, las acciones encaminadas a la “liberalización” económica afectaron a campesinos y obreros. El contexto de 1989 resultó mucho más complejo con las altas cifras de desempleo y una inflación rampante. Los primeros en movilizarse en el mes de abril fueron los estudiantes, siendo acusados prontamente por el gobierno de simples agitadores. Con el avance de las protestas, obreros y otros estamentos de la sociedad se unieron a las muestras de rechazo. Para el 4 de mayo, más de 100 mil personas se dieron cita en la plaza y muchas más comenzaron a movilizarse desde distintas zonas del país.
Gran parte del movimiento estudiantil abanderó la causa de una pronta instauración de un gobierno democrático. El 3 de junio, el régimen decidió acabar la situación de un tajo y preparó la represión militar de las protestas. Tanques y soldados fueron comisionados con este objetivo. El 4 de junio los manifestantes dispusieron la construcción de barricadas para plantar cara al ejército.
No obstante, las tropas avanzaron dejando una estela de heridos a su paso. El 5 de junio, dos reporteros estadounidenses y uno británico que se encontraban cubriendo las protestas lograron registrar una de las imágenes más conocidas de finales del siglo XX: Un joven desarmado se enfrenta a una hilera de tanques. La imagen de este 'rebelde desconocido' trascendió gracias a varios fotógrafos que lograron burlar una censura, la china, que todavía hoy logra que sus ciudadanos desconozcan la mayoría de los detalles de aquella primavera. Ante esto, los tanques debieron reducir su velocidad y finalmente el primer tanque debió de frenar su marcha.
¿Por qué el mismo ejército que durante 48 horas había asesinado a sangre y fuego (según datos de Amnistía Internacional) a más de mil civiles, detenido a 10 mil personas y dejado heridas de gravedad a otras 6 mil se detuvo misteriosamente frente a un hombre con una bolsa de la compra en la mano en vez de reventarlo en una centésima de segundo tal y como había estado haciendo hasta hacía tan sólo unos minutos? Misterio.
Queda envuelta y con lazo para la historia, como tantas otras preguntas, la identidad de ese hombre sin rostro, “the tank man” como fue bautizado internacionalmente cuando se reveló la que durante varias semanas fue la única fotografía de aquel gesto heroico. Una fotografía, que al igual que el héroe al que retrata, se salvó de milagro: su autor, Jeff Widener, contratado en esa época por la Associated Press, la escondió en la cisterna del inodoro de la habitación de su hotel para que no se la arrebatara la policía china durante un registro.
En la 'Avenida de la Paz Eterna' (Chang'an Avenue), el 'hombre del tanque' se enfrenta al Ejército de Liberación Popular. En ese momento, el desconocido aprovechó para subirse al tanque e intercambiar algunas palabras con su conductor. La verdadera naturaleza de este diálogo es ignorada hasta el día de hoy. Después de unos minutos, el joven fue arrastrado por hombres vestidos de civil e incorporado a una muchedumbre, fuera del alcance de las cámaras. Más allá de estas fotografías, y de algunos vídeos captados por la BBC y la CNN, poco más se sabe de este rebelde. ¿Murió? ¿Se marchó de China? ¿Fue encarcelado? No se sabe ni su nombre a ciencia cierta pero 'Time' lo incluyó entre las 100 personas más influyentes del siglo XX y la revista 'Life' consideró que su imagen ayudó a cambiar el mundo.
Algunas versiones apuntan a que fue capturado por la policía y que los hombres que lo arrastraron fueron agentes encubiertos. Otros afirman que el joven se perdió entre los manifestantes y que vive al día de hoy en el anonimato. La versión que ofrecen algunos miembros de la cúpula del gobierno chino es que el “rebelde” nunca fue arrestado, llevado a prisión y mucho menos asesinado.
Finalmente la represión cumplió su fin y pese a su enorme costo en popularidad y en vidas —el número de muertos se calcula en cientos mientras que el de heridos en miles— el gobierno chino mantuvo la unidad del país y el partido comunista se fortaleció en el poder.