Hacia rutas salvajes
Hacia rutas salvajes es la reconstrucción de los últimos dos años de vida de Chris McCandles, un joven de 24 años quien tras graduarse en 1990 de la Universidad Emory de Atlanta y donar a Oxfam los US$24000 que tenía para estudiar derecho, decidió renunciar a todas las comodidades de la vida moderna y emprender un periplo que lo llevaría al Monte McKinley, en Alaska, donde encontraría la muerte.
El cuerpo sin vida del joven autostopista fue encontrado por tres cazadores de alces dentro de un viejo bus abandonado en mitad del Monte McKinley.
Después de varias averiguaciones entre la policía de los estados cercanos y, sobre todo, gracias a las comunicaciones enviadas por varias personas que cruzaron su camino con el de McCandless, se descubre la identidad del cuerpo encontrado.
La odisea de McCandless
El periplo de Alex-Chris tuvo lugar en especial en el oeste estadounidense. Su derrotero estuvo marcado por las circunstancias del momento: sin planes, sin plazos, sin consideración a los posibles obstáculos. Chris navegó por aguas abajo del río Colorado hasta el Golfo de California de la misma forma abierta, desapegada pero apasionada que arribó y permaneció en Bullhead City, una menos que ciudad donde se empleó preparando hamburguesas en un McDonald’s.
Para entender la vida de Chris McCandless-Alex Supertram (homónimo adoptado por McCandless cuando inicia su travesía), Krakauer (autor del libro) hace un gran paréntesis para relatar la vida de otras personas con historias similares entre los que se destaca Gene Rosellini, antropólogo, historiador, filósofo y lingüista, quien también decidió abandonar las comodidades de la vida moderna con el fin de probar su teoría sobre la imposibilidad del ser humano de vivir sin éstas; John Mallon Waterman, uno de los más reputados alpinistas de E.U hacia 1973, y quien tenía una relación conflictiva con su padre. Ambos escogieron a Alaska como el escenario de sus retos. Ambos perecieron allá.
Everett Ruess, otro aventurero
También habla de Everett Ruess –quizá el personaje más parecido a Chris- cuya afición por la vida silvestre e improvisada (el texto cita las palabras de alguien que lo definía como “un romántico inmaduro, un esteta adolescente, un nómada atávico”) lo llevó a la Garganta de Davis donde desapareció y nunca se volvió a saber de él.
Krakauer cierra el paréntesis con el relato de su propia experiencia cuando a la edad de 23 años decidió escalar el Pulgar del Diablo, también en Alaska. Su relato sobre cómo, a pesar de las circunstancias adversas, mantenía la firme voluntad de acometer su propósito sirve como posible reflejo de lo que Chris tal vez pensó y permite entender por qué la terquedad en lograr su objetivo.
Qué buscaba
El retrato del joven lo completa la trascripción de las citas subrayadas por Chris en los libros que encontraron junto a su cuerpo:
“Quería movimiento, no una experiencia sosegada. Quería emoción y peligro, así como la oportunidad de sacrificarme por amor. Me sentía henchido de tanta energía que no podía canalizarla a través de la vida tranquila que llevábamos." León Tolstoi, Felicidad familiar.
“Más que el amor, el dinero o la fama, deseo la verdad. Me senté a una mesa donde había manjares exquisitos y vino en abundancia, rodeado de comensales obsequiosos, pero carente de verdad y sinceridad. Me alejé de esa mesa inhóspita sintiendo todavía hambre. La hospitalidad era tan fría como el hielo.” Henry David Thoreau. Walden o la vida en los bosques.
“La poderosa bestia primitiva se hacía fuerte en el interior de Buck, bajo las terribles condiciones de vida de la traílla del trineo, no dejaba de crecer. Pero crecía en secreto, pues su recién adquirida astucia le proporcionaba equilibrio y control de sí mismo.” Jack London. La llamada de la selva.
El 28 de abril de 1992 Jim Gallien dejó a Chris McCandless en las inmediaciones del Parque Nacional del Denali, en un punto de la Senda de la Estampida, la ruta que tomó para internarse en el Monte McKinley. Lo que sucedió desde entonces es materia de los últimos capítulos del libro.
Basado en los textos escritos en las paredes del bus donde permaneció durante los meses siguientes, las notas al margen en los libros que llevó para leer y una especie de diario escrito en las páginas blancas de una guía de campo de plantas comestibles que había comprado, Krakauer describe los últimos días.
Los últimos días
Al parecer el 3 de julio decidió abandonar su vida de ermitaño y volver a la civilización. Desafortunadamente las circunstancias ambientales que le habían permitido ingresar, ahora le impedían salir. Era verano y el deshielo había convertido los arroyos congelados en caudalosos ríos infranqueables. Pero Chris no se amilanó ante la situación. Regresó al bus y decidió esperar. Los días siguientes decidieron su suerte.
Según Krakauer, Chris hubiera podido sobrevivir –no era el ingenuo e irresponsable joven que algunos decían- de no ser porque cometió algunos errores: primero, al parecer consumió unas semillas que le hicieron vomitar, lo cual, en el estado de debilitamiento en el que se encontraba tras dos meses de mala alimentación, lo dejó en muy mal estado; segundo, aunque Chris había escogido la Senda de la Estampida como lugar de retiro, alejado de cualquier forma de presencia humana, en realidad, el lugar se encontraba muy cerca de lugares, si no habitados, al menos sí dispuestos para recibir a caminantes y cazadores.
Sin embargo, por no contar con un mapa del área, Chris ignoraba esto y no pudo dirigirse en la dirección correcta a buscar ayuda. Sin embargo, no se pueden llamar errores a situaciones como las mencionadas porque, de un lado, a pesar de que consultaba la guía para saber qué plantas debía o no consumir, una omisión en ella no le advirtió sobre la peligrosidad de las semillas; y, segundo, llevar un mapa consigo iba en contra de lo que se proponía.
Chris McCandless murió, según los indicios, alrededor del 18 de agosto de 1992. Días antes había escrito una nota de socorro en caso de que alguien llegara al bus y no lo encontrara. Nadie arribó. Al sentir cerca la muerte, dejó otra nota: “He tenido una vida feliz y doy gracias al señor. Adiós y que Dios los bendiga”.